domingo, 27 de noviembre de 2011
Amanecido
martes, 22 de noviembre de 2011
Hasstraum
Aun ocupas un lugar privilegiado en mis pensamientos. he de vivir sintiendo esto por ti, despierto o durmiendo te odio y te deseo lo peor, te deseo un dolor profundo y crónico, que tus deseos se apaguen tan de repente como nacieron, que tus amigos te den la espalda, que la canción mas triste viole tus tímpanos, que las aves detengan su música al verte, que no hayan mas brindis en tu honor, que el barco se aleje y te deje sola en una orilla...
Te odio porque aun queda algo de ti en mi, porque el frió aviva el calor de tus rincones, porque mis cuatro paredes proyectan tu sombra, porque extraño tus defectos, porque otro hombre dará nombre a tus hijos, porque el mundo se detuvo para mi el día que te marchaste...
domingo, 13 de noviembre de 2011
Bitácora
sábado, 12 de noviembre de 2011
Fantasmal
Recuerdo invernal
viernes, 11 de noviembre de 2011
Romance
lunes, 5 de septiembre de 2011
Algología
Instante
(El aura) Oda a alguien...
sábado, 3 de septiembre de 2011
Crímenes Perfectos, de Andrés Calamaro
viernes, 26 de agosto de 2011
Réquiem
miércoles, 24 de agosto de 2011
Madrigal, Interpretado por Alfredo Sadel
me olvido de todo y de mí;
parece que todo lo tengo
teniéndote a ti.
Y no siento este mal que me agobia y
que llevo conmigo,
arruinando esta vida que tengo y
no puedo vivir.
Eres luz que ilumina las noches
en mi largo camino
y es por eso que frente al destino
no quiero vivir.
Una rosa en tu pelo parece
una estrella en el cielo
y en el viento parece un acento
tu voz musical.
Y parece un destello de luz
la medalla en tu cuello,
al menor movimiento
de tu cuerpo al andar.
Yo a tu lado no siento las horas
que van con el tiempo,
ni me acuerdo que llevo en mi pecho
una herida mortal.
Yo contigo no siento el sonar
de la lluvia y el viento
porque llevo tu amor en mi pecho
como un madrigal.
jueves, 18 de agosto de 2011
Bridge over troubled water, Simon and Garfunkel
miércoles, 17 de agosto de 2011
A la diosa del efluvio
No más túneles, ni lobos esteparios
Ahora puedo soportar la levedad de mi ser
Aún más si estoy bajo la estela del wawa
con sonrisas de monalisa, de labios con gusto a chocolate
y ojos suspicaces donde se refleja el paisaje
Puede que no bailemos pero parloteamos
Exhibimos con orgullo nuestros incisivos,
cuando yo te cuento un cuento y tú me haces cosquillas
Yo aúllo unos coros en otra lengua y tú desentonas con la harmónica
Te relajan las sustancias, y a mí me dan euforia
Tu abrazas a Danny De Vito, y yo a Ruth Gordon
Pero al dar la vuelta nos vemos otra vez las narices
Y con la timidez de los infantes nos tomamos de las manos
Palmas y dedos que ajustan perfectamente
Bocas que se buscan dubitativamente
Y azarosamente, al final se topan,
Se frotan, se muerden, se dan aliento,
Y tu aliento, diosa del efluvio
me llena de vida nuevamente.
martes, 31 de mayo de 2011
Evasión y victoria
Jamás he perdido la razón, la he regalado por mi propia cuenta.
No hago uso de ella, no la necesito si estoy bajo el consolador susurro y caricia de la locura.
un hálito de absurdo e insensatez son la cura para el insomnio,
para las heridas varias en mi pasado de hombre sensato.
El clamor otrora amargo de la destemplanza se torna dulce, me abraza,
me embriaga, provoca nuevas y violentas palpitaciones,
un rio caudaloso batiéndose en mis entrañas, huyendo del norte al sur de mi anatomía,
me insta a descartar la prudencia y frialdad con que decide mi cabeza,
cual dueña y señora del resto, me otorga carta blanca para acabar su reino tirano,
ajusticiarla, proclamando el segundo y definitivo arribo de la paz corporal,
de la que solo había probado en el regazo de mi madre
y que aquel asesino despiadado al que llaman tiempo se encargó de arrebatarme.
Mis manos traerán ahora el sosiego que las ideas no supieron darme.
domingo, 15 de mayo de 2011
Martirio Onirico
Mis propios sueños me martirizan, turban mi quietud, como ráfagas de lava ardiente me consumen. No encuentro así la culpa que me aqueja. ¿Por qué le doy tanta importancia a mis sueños? Solo consigue hacerme daño, no me dan la paz mental que añoro, estudian mi ser y consiguen desmoronarlo con un único golpe.
Desperté esta mañana del sueño de un amor lejano, fugado, pero aún vivo. Fugaz, pero intenso, irracional pero sosegante. Añoro tener la piel de mi amada, el rosa de sus mejillas, los suspiros, abrazos, lagrimas.. Frio y suspicaz me muestro, porque soy vulnerable e inocente. La gente habla de mí como si no estuviese ahí. Por más que me aleje de mis sentimientos, tarde o temprano me encuentran. No anhelo otra cosa más que hallar de nuevo el amor. Llegué a aborrecer y a desestimar mi propio sentir por haber sido herido, por haberme desangrado por una causa injusta. Solo quiero mirar al frente, he recuperado mi aliento y determinación para avanzar hacia adelante y hallar en el camino a la mujer de mi sueño. Que me ame como yo a ella, sin más ni menos.
Estaba en una esquina de una ciudad que parecía ser Valledupar, en un estanco, un grupo de 8 a 10 individuos teniendo una conversación entre chistes y chanzas. Parecía estar contento, con una cerveza en mi mano y una sonrisa en mis labios. En la esquina de enfrente veo a una mujer joven, de alrededor de 22 años, y una niña de 8, esperando a alguien en la acera, viendo cada carro que pasaba, pero ninguno se detenía. Mi memoria se tardó solo unos segundos en ponerle un nombre y una personalidad a dichas caras. Era mi ex novia y su pequeña hija. Mis pulsaciones se aceleraron cuando ambas se percataron de mi presencia al otro lado de la calle. De repente, uno de aquellos automóviles que pasaban a toda velocidad se detuvo frente a ellas, era un Renault 9, un modelo viejo pero bastante bien cuidado, de color verde oscuro. Lo conducía un hombre joven, casi de mi edad. Abrió las puertas mientras permanecía al volante, y ellas subieron deprisa, marchándose de ahí a toda velocidad.
Me quede pasmado, no sabía que decir, ella era un mujer de mi pasado, alguien a quien había querido y adorado por los días que pasamos juntos, y hasta separados, su amor era una llama que me consumía, que me hacía perder la razón. Peleamos y todo terminó, el amor que sentimos alguna vez por el otro, llego a una abrupta encrucijada. Su hija era también para mi alguien muy especial, una niña de infinita belleza y ternura, que me inspiró a cuidarla y a darle mi cariño y amor incondicional. Quería ser su padre, quería que su madre fuera mi mujer, casarme con ella, darle más hermanitos y vivir todos juntos, felices y dichosos.
En un momento de rabia, de decepción, de falta de aliento ante lo que había visto, ante la forma en que huyeron del lugar sin decir nada, ni siquiera una mala palabra, una sensación de abandono me dio su frio abrazo, y mi corazón, que creía haber olvidado cualquier evento pasado fuese bueno o malo, curado y suturado a medias, volvió a abrirse con violencia, a desgarrarse como había sucedido la primera vez que supe que no volvería a lado de esas dos mujeres.
No podía más, sentía que me iba a desplomar ahí mismo, frente a todos mis amigos, que iba a ser motivo de burlas por parte de ese grupillo sin nada mejor que hacer en esa noche. Le dije a dos o tres, no recuerdo quienes ni cuantos eran, pero los inste a que me sacaran de ahí, a toda prisa, debía irme, debía calmarme en otro lugar excepto en esa callejuela antigua y a medio alumbrar. Subí al automóvil de alguien y cuando pude darme cuenta me vi en otro lugar, en otra calle, en un sitio atestado de gente. Era un sitio de comidas rápidas, o algo muy parecido, como un McDonald’s con sus colores infantiles, pero sin letreros reconocibles. Todos estaban dentro del carro, trataban de preguntarme si me encontraba bien, que era lo que me había sucedido, a que o a quien vi para tener una reacción tan extraña. Pero no conteste a sus estúpidos curioseos y les dije que ya volvía, que me esperaran, la visión de ese lugar me produjo hambre, quería ir a comprar cualquier cosa para saciarme y no quería pensar más en extrañas visiones de amores pasados.
Me dirigí con apariencia decidida, como si no hubiera nadie más en mi camino y tuviera que llegar a la maldita fila del lugar por encima de quien fuera, debía formarme, esperar, comprar, salir de ahí, comer e irme sin un pensamiento más en mi cabeza. ¡Pero en la fila estaban las dos! Estaban en la caja pagando lo que iban a llevar, habían ido ahí por la misma razón que yo, por otra dolorosa coincidencia de la vida. La niña giraba su cabeza hacia mi dirección con disimulo, se acordaba de mí, de lo bueno que había sido con ella. Miraba con seriedad, con aquellos ojos curiosos, despiertos, y me sonrió. La madre acababa de pagar por su comida y se giró también para salir del lugar, fue ahí cuando me vio en el último lugar de la fila. Al verme aceleró el paso y llevaba a la niña de su pequeño brazo, con mucha fuerza la hacía caminar a su propio ritmo. Cuando paso frente a mí, yo la tome de su brazo y espete un débil “espera” ignoro mi llamado y acelero aún más su caminar, pero la niña se había soltado y estaba frente a mi diciendo: hola. ¿Por qué no me saludaste?
Yo con ojos llorosos me acerque a su pequeño oído y le dije suavemente: te quiero mucho, dile a tu mamá que a ella también la quiero con todo mi corazón.
lunes, 28 de marzo de 2011
Cumpleañero disconforme
Heme aquí, a pocas horas de que las campanas suenen a nombre de mi vigésima sexta primavera en este planeta. Las sensaciones se entremezclan, hay ansiedad y desasosiego. Me ha sucedido del mismo modo desde que cumplí dieciocho y adquirí la temida mayoría de edad.
Celebrar un año más de responsabilidades no es para mí una fiesta. Seré un poco obtuso, pero de cualquier forma ese es mi modo de ser. Tal vez haya algo por que sentirme satisfecho: las vivencias, sumadas entre sí o individualmente consideradas me han hecho lo que soy. Las repaso y las saboreo, nunca las desecho al principio, por más insatisfactorias, humillantes o desgraciadas que hayan resultado algunas. Ese debe ser el único modo que encuentro para sobrevivir a un cumpleaños, un espacio para el recuerdo, y para un replanteo absoluto, de cabo a rabo, de pies a cabeza, de propósitos a hechos; para reírme de mí mismo y sacar, si se puede, todas las tretas malogradas, infortunios románticos, y el escozor por la vejez que se acomodan como dueñas y señoras de mi psique.