lunes, 28 de marzo de 2011

Cumpleañero disconforme

Heme aquí, a pocas horas de que las campanas suenen a nombre de mi vigésima sexta primavera en este planeta. Las sensaciones se entremezclan, hay ansiedad y desasosiego. Me ha sucedido del mismo modo desde que cumplí dieciocho y adquirí la temida mayoría de edad.

Celebrar un año más de responsabilidades no es para mí una fiesta. Seré un poco obtuso, pero de cualquier forma ese es mi modo de ser. Tal vez haya algo por que sentirme satisfecho: las vivencias, sumadas entre sí o individualmente consideradas me han hecho lo que soy. Las repaso y las saboreo, nunca las desecho al principio, por más insatisfactorias, humillantes o desgraciadas que hayan resultado algunas. Ese debe ser el único modo que encuentro para sobrevivir a un cumpleaños, un espacio para el recuerdo, y para un replanteo absoluto, de cabo a rabo, de pies a cabeza, de propósitos a hechos; para reírme de mí mismo y sacar, si se puede, todas las tretas malogradas, infortunios románticos, y el escozor por la vejez que se acomodan como dueñas y señoras de mi psique.

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