Estando presta mi mente a fantasear con unas piernas recias o un culo exuberante
y cuantioso, daba pequeños sorbos a mi frappé, como si fuera la cuota inicial para
poseerlas a todas, si el sabor de la piel y los labios de esas extrañas fuese
igual de dulce y adictivo como la cafeína mezclada con hielo.
Fue entonces cuando las manos de algún incauto encargado de la “ambientación sonora” del lugar, en concurso con el diablo, dios, el azar o su sola estulticia, cometió el imperdonable crimen de musicalizar un momento insigne de mi soltería con “For once in my life”
Fue entonces cuando las manos de algún incauto encargado de la “ambientación sonora” del lugar, en concurso con el diablo, dios, el azar o su sola estulticia, cometió el imperdonable crimen de musicalizar un momento insigne de mi soltería con “For once in my life”
Ni el bullicio de las otras mesas, sus flojos chistes, anécdotas
hiperbolizadas, ni siquiera sus perniciosas risas de hienas, pudieron truncar
la via de aquellas notas, que esta tarde
llegan como estocadas, penetrantes y sonoras, el saxofón y el contrabajo que en
antaño seducían y agasajaban, hoy violan mis tímpanos, ingresan por la fuerza,
disparan imágenes, olores, sabores, cosas que ya no son, que solo quedaron para
poblar mis sueños y mis pesadillas.
El shock que me produce esa estúpida canción es capaz de
invitar a mi mesa a un inoportuno, desgraciado y masoquista ser que porta los
mismos rasgos y el mismo nombre que el de un servidor. No puedo mas que borrar con una servilleta el sabor ahora amargo en mi boca, y salir de ahí con un desencanto que podria conmover al humano mas cinico.