viernes, 15 de junio de 2012

al pie del cafe

Deseaba únicamente sentarme al pie de la ventana de un café. Complacerme con un efímero pasatiempo propio de los solitarios: calificar la anatomía de las transeúntes más vistosas.
Estando presta mi mente a fantasear con unas piernas recias o un culo exuberante y cuantioso, daba pequeños sorbos a mi frappé, como si fuera la cuota inicial para poseerlas a todas, si el sabor de la piel y los labios de esas extrañas fuese igual de dulce y adictivo como la cafeína mezclada con hielo.
Fue entonces cuando las manos de algún incauto encargado de la “ambientación sonora” del lugar, en concurso con el diablo, dios, el azar o su sola estulticia, cometió el imperdonable crimen de musicalizar un momento insigne de mi soltería con “For once in my life”
Ni el bullicio de las otras mesas, sus flojos chistes, anécdotas hiperbolizadas, ni siquiera sus perniciosas risas de hienas, pudieron truncar la via de aquellas notas,  que esta tarde llegan como estocadas, penetrantes y sonoras, el saxofón y el contrabajo que en antaño seducían y agasajaban, hoy violan mis tímpanos, ingresan por la fuerza, disparan imágenes, olores, sabores, cosas que ya no son, que solo quedaron para poblar mis sueños y mis pesadillas.   
El shock que me produce esa estúpida canción es capaz de invitar a mi mesa a un inoportuno, desgraciado y masoquista ser que porta los mismos rasgos y el mismo nombre que el de un servidor. No puedo mas que borrar con una servilleta el sabor ahora amargo en mi boca, y salir de ahí con un desencanto que podria conmover al humano mas cinico.      

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