Esta noche invernal evoca todos tus contornos.
Te veo y te siento, en las sombras, en el
viento, en un eco lejano.
Las paredes, las cortinas, toda esta casa grita tu nombre.
Un aullido doloroso, desconsolador, de un ser malherido, abandonado a su
suerte, con frio y mucha sed.
Esperando se hace tarde, la penumbra va cediendo ante los
hilos luminosos del firmamento.
La
helada persiste, su abrazo no me suelta,
sin pausa va cercando los limites
donde rondaba mi alma vagabunda, ya fenecida.
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